La casa de los espíritus. Crítica de libros, librosynovelas
La casa de los espíritus
24 junio, 2018
Cañas y barro. Descripciones,librosynovelas
Cañas y barro
22 julio, 2018
Mostrar todo

Antes de la batalla

Antes de la batalla. Aventura, librosynovelas

Antes de la batalla. Aventura, librosynovelas

Cada uno de los soldados, la noche de la víspera del que se preveía aciago día, afilaba su lanza, y preparaba su escudo. Los corceles atados a las cuerdas tendidas en el prado, pateaban nerviosos barruntando la próxima batalla. Sirvientes corrían ligeros de un lado a otro de la multitud, medio desnudos, portadores de mensajes o de recados de unos jefes a otros, escasamente alumbrado su camino mediante las teas que sostenían por encima de sus cabezas, ofreciendo un contraste dantesco al pasar cercanos a los fuegos de las hogueras en torno a las cuales, los soldados antes mencionados, afilaban o velaban las armas, envueltos en el sudor y en el insomnio de la noche veraniega de altas estrellas.

Quién más quién menos se preparaba para la lucha en silencio, casi nadie conciliaba el sueño, y los menos, bromeaban alrededor de los fuegos a veces mortecinos, sólo por el placer necesario de ahuyentar su miedo y preocupación ante la inseguridad que les deparaba el mañana. Todos en definitiva querían permanecer despiertos a fin de no ver en sueños la horrible cara de los dioses de la guerra. Ni un breve descanso permitían a sus ojos, pensando en que al día siguiente podrían quedar vidriados y abiertos durante una eternidad tras haber servido de pasto a los buitres y las aves carroñeras.

A derecha e izquierda les cercaban dos lenguas de un mar desconocido para ellos. Mar que habían atravesado alegres, confiados y conscientes de su fuerza, su número y sus briosos caballos, en nombre de las tierras que habían sido arrebatadas a los padres de sus padres y que por esa razón, sagrada o no, les correspondía a ellos y solo a ellos recuperar.

No tenían ni un solo barco en el que escapar o darse la vuelta, la suerte ya estaba echada. Frente a ellos entre el claror de la luna menguante se perfilaba a lo lejos la masa oscura que como una barrera se cernía sobre las alejadas luciérnagas de lo que adivinaban el campamento enemigo, que más que campamento, se asemejaba a los fuegos de una gran ciudad, reverberando hacia el cielo oscuro. De vez en cuando alejándose del bullicio y la alegría impostada de los más fanfarrones, el espíritu libre se dejaba vagar a ras de hierba o hasta los bordes oscuros del extenso campamento, en los que un escalofrío podía recorrer la piel y el pensamiento de quien se aventurase a contemplar aquel perfil de altas montañas, que un día los padres de sus padres atravesaron cuando su fuerza y vigor estaban intactos como al principio de los días y, conquistaron aquellas prometedoras y feraces tierras que hoy, ¡ay! resultaban tan caras a la vista y tan inseguras de ganar.

Muchos por no decir todos, iban a encontrar por vez primera al enemigo y sabían sin que nadie se lo dijera, que allí habrían de vencer o morir, no había otra elección. La fortuna o la desgracia, les había impuesto la necesidad de luchar a la vez que la recompensa de la posible victoria.

Los jefes les venían arengando días atrás con laureles tan grandes como los que los grandes hombres solicitaban a los inmortales y concluían con que serían premios tan desmedidos como para satisfacerlos y, que todo lo que los enemigos tenían ahora, todo lo que habían acumulado, pasaría a ser de su propiedad, incluso los actuales propietarios, pasarían a ser esclavos suyos. ¡Luchad, coged vuestras armas y ganad, con la ayuda de los dioses, semejante recompensa!

Así quedaron aquella noche larga en la que todos debían sentirse rodeados por compañeros elogiados como tales y revestidos de un valor y fortaleza inigualables, aunque en el fondo ninguno supiera nada del otro.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *