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Larga sombra de Gwaara
14 enero, 2023
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Acoso y derribo

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(El abandono de los pueblos)

El acoso y derribo es una competición ecuestre practicada entre dos participantes cuyo fin es derribar, o mejor, voltear a una res brava o mansa valiéndose de una pértiga en cuyo extremo lleva una hoja de acero de unos doce centímetros. Acosando a cincuenta kilómetros hora, velocidad que alcanza el caballo, es de suponer que la pobre res, si no se parte una pata o el cuello, quedará hecha pedazos.

            El diccionario de la RAE recoge que, pedazo viene del latín vulgar pitaccium, metátesis del latín clásico pittacium, con el significado de `trozo de cuero´, `colgajo´, y este del griego πιττάκιον pittákion.

Hoy reconocemos por ejemplo las dos primeras entradas del diccionario: 1.m. Parte o porción de algo separada del todo. 2.m. Cualquier parte de un todo físico o moral.

            Las construcciones más tradicionales de los pueblos se caen a pedazos, no han tenido por lo general una figura de protección en las administraciones locales, por lo que, restaurar casas podía suponer para sus propietarios una ruina, y en consecuencia las casas se fueron cayendo, y se caen a pedazos hoy en día cada vez más. Resulta muy iluminador traer aquí el `trozo de cuero´, el `colgajo´, algo que forma parte de la res acosada y derribada, como las casas de adobe que, junto con el tapial, formaban y forman parte aun del ADN cultural y arquitectónico de muchos de los pueblos sobre todo ribereños que van quedando abandonados, pero se caen a pedazos.

            Las casas históricas y antiguas se caen a trozos sin el apoyo de una voz misericordiosa que de la voz de alarma por el deterioro de este patrimonio. Los vecinos acusan, delatan, predicen, denuncian, la evidencia de que, a sus pueblos envejecidos, las casas se les vuelven muelas picadas que se aflojan y se van cayendo, creando solares llenos de escombros y sin esperanza, como bocas sin dientes que ya no pueden comer, y como resultado, el fin de la vida.

            La situación de ruina de algunas casas de los pueblos que se abandonan a sí mismos es tal, que algunas colapsan en medio del silencio de la noche para no causar víctimas, se van calladas, o como mucho en medio de un sordo retumbar. Antes ya nos han avisado con la caída de cascotes y partes del tejado, o muros de la misma que obligan a intervenir mínimamente con un vallado del perímetro de la afectada, o una señal, porque la propia administración unas veces practicando el arte ecuestre en compañía de la inoperancia, otras en compañía de algún interés inmobiliario hacen ese acosos y derribo, no de las casas, si no del propio pueblo, en definitiva. A continuación, se hablará del abandono de los pueblos, del país que se vacía y se nos irá todo en grandes palabras hablando de ambiciosos planes para revitalizarlos, para atraer población, sin querer recordar que la propia administración del estado acosó y derribó en aras de un progreso, que solo llegó a unas elites, a tantos y tantos pueblos del país, teniendo como aliados a los propios planes locales urbanos, que siempre apuntaron de manera genérica la obligación de conservación de las edificaciones en cumplimiento de lo dispuesto en una retahíla de disposiciones y artículos, en lo que todo era por cuenta del administrado, pero eso sí, teniendo a la administración como vigilante para que todo se llevara a cabo según su ley.

            Mientras tanto y no tras años sin ser habitadas, porque no reúnen condiciones, las casas y los pueblos habrán sido ocupados por el primero que llegue, desconociendo si serán buitres que agraven su deterioro o cigüeñas constructoras que darán vida al paisaje.

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