Larga sombra de Gwaara

Por: Irene Gil de Soto

Tras la historia de Fátima, primera entrega de la que me atrevo a definir como
empoderadora saga feminista, Antonio P. Bueno nos presenta la segunda parte, titulada
Larga sombra de Gwaara, novela guardiana de la historia de otra fuerte y luchadora mujer,
Fadl.
Fadl es un personaje que nos es conocido a los lectores de la primera parte, y ésta
era ni más ni menos la esclava de Fátima, protagonista de la misma, quien le acaba
haciendo libre de su esclavitud. Antes de empezar a desgranar los devenires de la historia
de Fadl y sus simbólicos y significativos detalles, creo que es importante destacar cómo a
través de esta historia Antonio P. Bueno nos quiere transmitir otro prisma del modus vivendi
de otra clase o estrato dentro de la jerárquica y heteropatriarcal sociedad en la que vivían
entonces. Por encima de todo, profundizando en las exigencias, desprecios y opresiones a
las que se veían sometidas diferentes tipos de mujeres dentro del entorno sociocultural, las
cuales muchas veces eran incluso provocadas por otras mujeres que se encontraban en
igual situación de inferioridad.
Una vez más, como es característico en sus obras, el autor contextualiza la historia
en tiempo y lugar, en ambiente sociocultural, costumbres, lenguaje etc de manera tan vívida
y profunda que incluso he llegado a imaginar el olor de las calles y zocos de aquella
Zaragoza o Saraqusta almorávide que después de 404 años pasó de nuevo a manos de los
cristianos. En aquella época, gran parte del actual Aragón se denominaba como la Taifa de
Zaragoza, que era de gran importancia dentro de Al-Andalus, siendo su capital, Saraqusta,
una ciudad con peso cultural, político y económico dentro del reino andalusí. En este
territorio y contexto convivían tres religiones mayoritarias; la musulmana, que era la
mayoritaria y la que hacía las veces de árbitro legal en el reino, la judía y la mozárabe, que
se trataba de los reductos cristianos que permanecían en el territorio. Los judíos vieron su
estatus mejorado respecto a cómo vivían bajo las normas cristianas y los mozárabes lo
contrario, pero a través de unas normas, pago de impuestos y de reparto de zonas de las
ciudades vivían en una más que razonable armonía.
Mientras leía y constataba todos estos hechos históricos a lo largo de la novela, me
daba por reflexionar al respecto de una cuestión; ¿Cómo es posible que este respeto y
entendimiento existiera en los siglos X y XI y hoy en día en cambio estemos inmersos en
guerras «santas» muchas veces fratricidas por la incapacidad y rechazo a la convivencia
entre miembros de diferentes religiones? Me crea un mar de dudas que no me veo capaz de
responder, pero desde luego que, como poco, leer este tipo de historias debería hacer que
nos planteáramos cómo hemos llegado hasta este punto cuando los humanos, en un
pasado, ya tuvieron capacidad de convivir entre diferentes.
Después de esta pequeña reflexión, continuamos con nuestro camino por la Taifa de
Saraqusta y la historia de la esclava liberta Fadl. En la sociedad de la época el papel de la
mujer estaba siempre supeditado al del hombre. No había igualdad entre unos y otros, y la
función o rol para cada género estaba completamente establecido; la mujer debía ser una
buena esposa, cuidar de su marido e hijos y no debía hacer nada por sí misma sin el
permiso de un hombre, ya fuera su marido, padre o hermano. Tenían normas estrictas de no
relacionarse con ningún hombre fuera del hogar y mayoritariamente tenían prohibido salir
solas de casa. En caso de hacerlo, debía ser bajo la estricta vigilancia de la sociedad la cual
se encargaba de controlar que no se tuviera contacto con personas del género opuesto, y sólo
se permitía para realizar tareas muy determinadas. En esta novela observamos no sólo
estos roles, si no cómo la vida del campo y la ciudad no eran iguales.
Las mujeres de campo tenían más libertad relacional entre sí, ya que realizaban
tareas de manera conjunta, como por ejemplo lavar la ropa en el río. Por el contrario, en la
ciudad era menos habitual ver grupos de mujeres ejerciendo esa «libertad femenina» de
relación entre ellas, creando lazos comunitarios. Aunque suene como algo positivo,
estos lazos no siempre eran para un buen fin, ya que como he mencionado anteriormente,
en ocasiones lo utilizaban para atacar a las mujeres que como Fadl se salían de la norma
habitual y denunciaban de manera exacerbada ciertas conductas llevándolo incluso al punto
de que esa mujer en cuestión pudiera llegar a ser condenada a muerte.
A lo largo de la historia, Fadl se enfrenta a ataques diversos y variopintos. Le atacan
vecinas, autoridades de distinto calado, personas que ella consideraba familia etc. Fadl
consiguió ser una mujer libre gracias a que su ama Fátima le dio la manumisión de manera
voluntaria, ya que entre ellas se había creado un vínculo más allá de la relación
dueña/esclava. Por lo que he podido investigar, este tipo de relación se puede denominar
affidamiento, que es un término similar al de sororidad que tanto escuchamos hoy en día.
Este vínculo o unión entre féminas hacía a las mujeres ser capital activo en la sociedad,
aunque fuera en un plano secundario. Les unía para poder conseguir un fin común, ya fuera
para vivir sin estar casadas o ya fuera para apoyarse en su rol concreto y cotidianidad.
Este último concepto que acabo de definir me parece la piedra angular de la novela,
ya que partiendo de que la protagonista consigue su libertad de manera legal y
reglamentaria, recibe un sin fin de ataques por todos los bandos para impedirle vivir como
individuo libre en una sociedad. Todo lleva a pensar que una mujer fuerte y sola era vista
como algo peligroso a lo que había que someter, y gracias a la capacidad de crear ese
vínculo con otras mujeres y también hombres a lo largo de la historia que nos narra la
novela, Fadl consigue salir adelante e ir consiguiendo sus objetivos.
A través de este personaje también podemos observar como las relaciones
personales y el matrimonio eran otra herramienta más de sometimiento para la mujer más
que para el hombre. Los matrimonios por conveniencia se acordaban entre hombres, y
aunque a veces éstos tampoco fueran libres de escoger a priori a su esposa por simple
afinidad, luego podían casarse de nuevo e incluso tener amantes sin ser castigados,
mientras que ellas estaban obligadas a ser fieles a sus maridos so penas de cárcel e incluso
de muerte en caso de incumplimiento.
A parte de esto, durante la historia también permea la cultura de maltrato y violación
hacia la mujer completamente normalizada en la sociedad de aquella época. A través de su
narrativa, Antonio P. Bueno nos hace entender no sólo esto, si no como ya tantos siglos
atrás las mujeres víctimas de ataques semejantes ya se sentían culpables por haber sido
atacadas, tal y como desgraciadamente aún sucede a día de hoy.
La historia de Fadl nos hace ver como los constructos de las sucesivas sociedades
heteropatriarcales se han esforzado en reducir al mínimo la validez de las mujeres, además
de sus derechos y libertades. Personajes como este, que contra viento y marea luchan con
arrojo contra todos esos estamentos diversos ya sean religiosos, sociales, culturales o
económicos para conseguir ser lo que ansían y merecen en su vida, dan voz a tantos
millones de mujeres que han sido y hoy en día son sometidas a este tipo de opresiones e
injusticias por una sola razón; pertenecer al género femenino. Para todos es difícil salir
adelante en la vida cuando además, como en el caso de la protagonista, no se pertenece a
un alto estatus social, pero el hecho de ser mujer todavía acarrea un sinfín más de
dificultades extras con las que, aunque con mucha menor intensidad, aún a día de hoy
cargamos sobre nuestras conciencias y sentires.
Visto desde la óptica de una mujer joven en el siglo XXI, esta historia es una oda al
feminismo, un grito a lo que fue, es y desgraciadamente aún será la realidad de millones de
Fadl a lo largo y ancho del mundo, dando igual que fuera en la sociedad musulmana del
antiguo Al-Andalus, en la de los absolutismos medievales, revoluciones posteriores o
desgraciadamente en los estados de derecho liberales actuales. Gracias a escritores como
Antonio P. Bueno, que relatan historias como esta, hacen visible que las mujeres hemos
sido también capital político activo a lo largo de la historia. No nos relegan a ser, como bien
define Carla Lonzi, mujeres vaginales; capitidisminuidos seres inactivos que simple y
llanamente son responsables de la reproducción de la especie y el placer masculino. Por
duro que suene a día de hoy, es al papel que tantos y tantos historiadores y escritores nos
han constreñido a lo largo del tiempo, y que aún podemos detectar a través de los libros y
materias que estudiamos en las aulas.
Gracias a la lucha de tantas mujeres como Fátima, Fadl, Hipatia de Alejandría,
Virginia Wolf, Margarita Nelken, Dolores Ibarruri, M. Rose Macaulay y una larga lista de
mujeres y hombres que lucharon junto a ellas, hoy en día yo soy un sujeto político y jurídico
con entidad y voz propia. Puedo ser y decidir por mí misma, y hacer un análisis como este
que me permite reivindicar que aún todas las mujeres no tienen la misma suerte que yo y
que, a día de hoy, sigo sufriendo en menor medida esta merma de reconocimiento por ser
de un género concreto. No deja de ser consecuencia de este esquema heteropatriarcal que
aún perdura en nuestras sociedades, aunque cada día seamos más los que luchamos
contra ello con pequeños y grandes gestos, con el mero objetivo de reducirlo a la mínima
expresión que nos sea posible.
Con esto quiero dejar plasmada una reflexión que creo indispensable en la situación
actual, y, sobre todo, después de analizar como acabo de hacer la historia de una mujer que
tanto luchó por ser. Como bien decía Simone de Beauvoir, “el feminismo es una forma de
vivir individualmente y luchar colectivamente”. No nos olvidemos de esto, porque más allá
de las etiquetas y de los enconamientos ideológicos ¿Qué hacemos más que luchar por los
derechos humanos? ¿No es al fin y al cabo eso el feminismo? Démosle una vuelta a esta
cuestión y salgamos del barro y la pelea, porque no nos olvidemos de que porque fueron
somos y porque somos serán. Por ellas, las que vendrán.
No quiero dejar de mencionar el significativo título, portada y estética del libro, que
no es baladí. Pero para descubrirlo no queda otra que leer Larga sombra de Gwaara y
descubrirlo por uno mismo.
Gracias una vez más a Antonio por regalarnos con su obra un exquisito viaje a
través de la historia que tanto me hace aprender del largo y profundo camino que ha vivido
Aragón y sus gentes, lo que nos ha hecho llegar hasta hoy. Es un compendio de
vocabulario, conocimientos y detalles subjetivos que te hacen aprender disfrutando de la
lectura y que te dejan con ganas de más, porque… ¿Habrá más?
BIBLIOGRAFÍA:
● LA LIBERTAD FEMENINA DE LAS MUJERES EN AL-ANDALUS, Inmaculada
Sánchez Crespo, Barcelona (2019).
● EL SEGUNDO SEXO, Simone de Beauvior, París (1949).
● https://historiaragon.com/2022/08/02/el-final-de-la-taifa-de-zaragoza/, 14/01/2023

De nuevo, se publica esta reseña con mi agradecimiento a Irene.

1 comentario en “Larga sombra de Gwaara”

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