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Fátima, según Irene Gil de Soto

Fátima

Quiero agradecer una vez más el apoyo de mis lectoras, y especialmente a aquellas que como Irene Gil me envían tan elogiosa consideración de «Fátima» . Transcribo literalmente su reseña y opinión.

«La historia de Fátima te transporta vívidamente al final del asentamiento musulmán de la taifa de Saraqusta, la actual Zaragoza y territorios aledaños. Su desarrollo comienza en el año 437 y el 512 de la Hégira, o con fechas del calendario Cristiano de 1045 a 1118, entre los siglos XI y XII. Desde el principio, la narración desgrana concienzudamente tanto el ambiente sociocultural de la época como la arquitectura y disposición de los escenarios donde se desarrolla la misma. Los rigurosos detalles históricos hacen que tu imaginación vuele en el tiempo de la mano de la vida de ésta intrépida mujer.

Además de describir tanto atuendos, alhajas o estética contemporánea, como ceremonias, ritos y protocolos sociales, atiende también a la grafía y transliteración coetánea del idioma, siguiendo las directrices de la Escuela de Arabistas Españoles para ser lo más fiel posible a los sonidos reales de la época. Cuenta con el bonito detalle de escribir el subtítulo en alifato, segundo alfabeto más extendido del mundo en palabras del escritor. 

Todas estas particularidades pueden parecer insignificantes a simple vista, pero cuando la ficción se fusiona con la historia es importante contextualizar la época, para  seguir una diacronía histórica y así hacer de un agradable rato de lectura un aprendizaje cultural de por vida. La labor de investigación del autor es reseñable en esta obra, ya que no se le escapa detalle. Desde el glosario, los nombres tanto de lugares como de personas, la bibliografía de los fragmentos de obra ajena, el mapa donde mayormente se desarrolla la novela hasta los personajes históricos en los que está basado, es un compendio de datos a destacar.

Fátima, la protagonista de la historia, está decidida a vivir su vida según sus valores y creencias. Quiere hacerlo de manera libre, en contra, por supuesto, del constructo social establecido para ella como mujer en pleno siglo XII. Poco sabemos acerca de las mujeres de la época, y menos de las que se rebelaron contra lo que se suponía que tenían que ser, no sólo en aquellos tiempos, si no a lo largo de toda nuestra historia. Historias ocultas o borradas de filósofas, músicos, escritoras, médicos (curanderas) y un sin fin más de ellas. Como ejemplo, las teólogas y predicadoras ascetas que ha habido (al fin y al cabo pensadoras), que es lo que finalmente decidió ser la protagonista de esta narrativa. Mujeres que por circunstancias decidieron ser y gracias a las cuales hoy en día muchas somos y las que vienen serán. 

Gracias al autor por dar voz a personajes con vivencias de ese tipo, dejando de lado los estereotipos y las prototípicas historias de mujeres que aún hoy en día nos persiguen en muchos escenarios, y no pequeños precisamente. Gracias a hombres como él, que nos acompañan en la investigación y en poner el foco en lo que vale, sin ruido ni estridencias, cada día se nos ve y se nos escucha más a todas, tanto a las del pasado como a las del presente. Me parece un merecido y precioso homenaje a todas aquellas Fátimas que han sido silenciadas a lo largo de nuestra existencia como seres humanos.

Todo lo anteriormente mentado, aunado a un exquisito uso del extenso léxico de nuestra lengua y un estilo gramatical contundente, da lugar a una novela que hay que leer y desentrañar a fuego lento. En el panorama sociocultural actual del consumo rápido y fácil, he podido observar como múltiples novelas, o mejor dicho, libros publicados, muchos de ellos con éxito contundente, están redactadas de manera superficial, me atrevería a decir que simplista. No pongo en duda la capacidad de escritura de sus autores, pero me parece que es caer en las mieles de lo comercial y lo fácil, la comida rápida de la lectura. En mi opinión esto hace que reduzcamos a la mínima expresión nuestro rico lenguaje, y por lo tanto nuestra cultura y legado.

La redacción de Antonio P. Bueno, con largas frases subordinadas a veces, más reducidas y contundentes otras y todo el vocabulario seleccionado con extremo mimo, hacen que esta obra sea, siguiendo con la metáfora culinaria, un buen cocido o guiso hecho a fuego lento. Dado que nuestro idioma, el castellano, cuenta con un vasto y muy exuberante léxico, es una pena que caiga en desuso, y por ello agradezco que el autor utilice un amplio y variado abanico de vocablos castellanos ya casi olvidados.

En resumen, Fátima es una historia de vida, de ser, como seguro hubo muchas en aquel momento y en aquel lugar. La escritura profunda y los datos y pormenores que han quedado grabados en sus páginas nos hacen recorrer la Taifa de Saraqusta, Al Andalus y muchos otros sitios de la península donde nuestros antepasados vivieron sus vidas. Desde mi experiencia, en la educación general obligatoria y posterior poco se trata sobre toda esta época y el gran legado cultural mozárabe que aún perdura entre nosotros. Por lo tanto, para concluir, aquí dejo mi reflexión:

¿No sería más útil que desde pequeños tanto en casa como en el colegio se nos leyera y aprendiéramos de historias y libros como éste? ¿No nos dejarían más poso, sabiduría y riqueza que la memorización de listas de reyes y fechas? ¿No nos haría mejores pensadores, y por extensión personas, que valoran y cuidan el patrimonio de todos y cada unos de nosotros?

Ésta es una obra que a parte de hacerme reflexionar, es sin duda una historia de la que merece la pena aprender y disfrutar.»

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